martes 9 de febrero de 2010

Hernán

Hernán era un cabrón que nos hacía la vida imposible a todos los del colegio. Era un niño malcriado y consentido que apenas caía bien a nadie. Pero ahí andaba. Le recuerdo por las muchas peleas que tuve con él, por la paliza que le dió a mi amigo Adri (que era un buenazo) y por el día que le rompió el tebeo de Mortadelo a David sin venir a cuento, entre otras fechorías. Pero sobre todo le recuerdo porque un día, involuntariamente, me hizo un favor.

Teniendo yo unos, no sé, siete u ocho años, estaba jugando al fútbol con los demás niños del cole, Hernán entre ellos. En una de éstas, Israel, que era dos años menor que yo, en un lance del juego, me hizo un caño (para los no entendidos, regatear a alguien pasándole el balón entre las piernas), algo que a nadie le gusta. Hernán, siempre tan sagaz, lo vió y, sin dudarlo ni un momento, señalándome con el dedo y rebuznando como Pinocho cuando se convertía en burro, gritó "¡Aaaaaah! ¡Te ha hecho un cañoooo!". Hasta ahí, bueno, cosas de niños. Pero la cosa siguió. No sé hasta que punto Hernán era consciente de lo que hizo, pero el caso es que lo hizo, y sin cortarse ni un pelo vino hacia mí y me dijo "se lo voy a contar a todos que uno de primero te ha hecho un caño y se van a reír de tí", y yo, quizás pecando de inocente o de tonto del bote, caí en la trampa. "No se lo digas a nadie, por favor", fue mi respuesta. "Vale, si mañana me traes el álbum de cromos de Bola de Dragón no se lo digo a nadie", me espetó a la cara. Y yo en ese momento palidecí y me quedé inmóvil. ¡Con el aprecio que le tenía yo a mi álbum! pero, por otro lado, claro, yo no quería que se rieran de mí en el cole. Apesadumbrado estaba.

Llegué a casa y le conté la historia a mi madre, que es a la vez foco de sabiduría y persona con los pies en el suelo:

- Mira mamá, esto es lo que me pasa - etcétera etcétera.
- Hijo, Hernán te está haciendo chantaje.
- ¿El qué?
- Chantaje Álvaro, ¿no sabes lo que es?
- No...
- Te está amenazando con hacer algo en tu contra si tu no le das lo que te pide.
- Ah... ¿Y qué hago?
- Mira hijo, haz lo que quieras, pero si le das el álbum hoy, mañana te pedirá otra cosa. Y yo no te pienso comprar otro. Si él quiere un álbum pues que se lo pida a sus padres.
- Sí, ya, claro, pero se reirán de mí.
- Bobadas hijo, bobadas. Ya eres mayorcito. Haz lo que quieras, pero yo no se lo daría.

Y aunque estaba muerto de miedo, la verdad, entre hacerle caso al hijodeputa de Hernán o a mi madre, pues se lo hice a mi madre. Al día siguiente, nada más llegar:

- ¿Qué, me has traído el álbum?
- No.
- Pues le pienso decir a todos que Isra te hizo un caño.

Y no sé qué más pasó en ese momento. Tampoco sé si Hernán se lo llegó a decir a alguien, pero el hecho es que nadie se rió de mí. Es más, si de verdad se lo hubiera dicho a alguno, me puedo imaginar (ahora, con la edad, claro) la cara de yamiquemeimporta de los demás niños.

Gracias a Hernán y a mi madre, aprendí lo que es un chantaje. Es cuando haces sentir culpable a alguien cuando no lo es, usando para ello cualquier motivo. Es más, chantaje es cuando cubres tus vergüenzas sacando a relucir los defectos de los demás, defectos que todos saben que tiene, pero que pasan desapercibidos (porque no dañan nadie o porque están claramente asumidos) salvo que te los señalen con el dedo. En el fondo es una forma de cubrir carencias.

Bueno, en realidad, debo decir que aprendí la lección a medias, porque en aquella ocasión Hernán cometió un error de principiante (debido su juventud) que todo buen chantajista sabe que ha de evitar: para que funcione es vital no dar la oportunidad al chantajeado de defenderse. Él me la dió y por eso se quedó sin álbum.

Sin embargo, a día de hoy, hay mucho chantajista suelto, y no nos damos cuenta. Chantajista, por ejemplo, es el presidente de Greenpeace España (curioso que sea precisamente de España) quien tras colarse en la cumbre de Copenhague como forma de protesta, y por ello detenido y encarcelado, pretende situarse por encima del bien y del mal con la excusa de que es ecologista, y, por ello, bueno. Permítanme que me explique. No seré yo quien critique que un ecologista se cuele en donde quiera y proteste de forma pacífica ante los jefes del mundo en favor del clima. No señor, todo lo contrario, hasta aquí, me quito el sombrero. Lo que critico es que luego este señor pretenda que la Justicia (que seguro que es una palabra que le gusta mucho) le juzgue a él de forma especial, cuando es obvio que si yo mismo, por ejemplo, me hubiera colado en la misma cumbre y, de forma parecida y también pacífica, hubiera protestado por, qué sé yo, la falta de tomate frito en Reino Unido, me hubieran metido en la cárcel igual que a él y por el mismo tiempo. Aunque en este caso, seguramente, la opinión pública (movida por los medios) me hubiera tachado de payaso. Y no digamos ya que si en vez de haber sido éste gran hombre o yo, hubiera sido un loco con una metralleta. Simplemente las fuerzas del orden danesas cumplieron con su deber. Correcto. ¿Acaso alguien esperaba una reacción distinta?


El chantaje en este caso es que el presidente de Greenpeace España, temeroso de cumplir con su responsabilidad tras jugársela en la Cumbre por el Clima y pringar en la cárcel como le tocaba, se inventó la imagen de opresores y malvados de los encargados de la seguridad y el sistema judicial, quienes, a su vez, al no contar con la maquinaria mediática de Greenpeace, no se pudieron defender, comiéndose el marrón. Y eso es una cabronada, para el que lo quiera ver. Así no se hacen las cosas.


Compañero, si me estás leyendo: antes de colarte en ningún sitio y querer ser un mártir, piensa en las consecuencias. Lo habías hecho muy bien, ¿por qué la tuviste que fastidiar? Si te toca la cárcel, pues la cárcel, y no pidas a la Justicia que te libere, porque eso, colega, va en contra de la Ley, y si hoy me pides eso y accedo, mañana me pedirás otra cosa. Chantajista.

¿Qué habrá sido de Hernán? Miedo me da...

domingo 7 de febrero de 2010

Regreso al futuro

Encarar una pista de despegue en un avión siempre me recuerda a la escena de Regreso al Futuro, cuando Doc pone el Delorian a 140 kilómetros por hora para alcanzar los 1,21 Gigovatios de potencia que necesita para que el condensador de fluzo obre el milagro. En ambas situaciones se acelera por encima del umbral de emergencia con la esperanza, o más bien fé ciega diría yo, de que algo ocurra antes de que la senda se acabe, porque si no, catapún, y fin de la película. La diferencia es que el Delorian sólo viaja en el tiempo, algo al alcance de cualquier mortal, mientras que un avión vuela, nada más y nada menos. Alucinante.


Por cierto, este fin de semana lo paso en casa, en Southampton, así que creo que técnicamente se puede decir que "he viajado al futuro".

jueves 4 de febrero de 2010

En camello y vuela

Profesora - ¿Hay algún español en esta sala?

... Se hizo el silencio y todos giraron la cabeza hacia mí al más puro estilo de la niña del exorcista. Y yo, imaginado la que se me venía encima, con la boca pequeña...

- Sí, yo...

- ¿Es cierto que en España teneis otro tipo de Santa Claus que va en camello y vuela?

- Eeeeh... sí, bueno, en realidad no es uno, son tres...

- Jesus Christ! - Se oye por detrás exclamar a alguien...

- Tampoco vuelan, se supone que andan... un montón...

Y entonces se corrió un estúpido velo y el workshop siguió...

¡Qué tontería!

martes 2 de febrero de 2010

Email

Acabo de mandar dos emails a China. Uno a un amigo chino en Pekín, y otro a otro amigo, también chino, en Nanjing, cerca de Shanghai. ¿Es o no es magia potagia?

lunes 1 de febrero de 2010

El Señor de los Anillos


Risør era un Hobbit al que un día la fortuna le premió con el poder de un anillo. Sin saberlo, Risør vivió con el preciado objeto hasta que la batalla entre el bien y el mal se desató. En ese momento, Risør, venerado anciano de La Comarca, cedió el control del anillo a su sobrino, Lyngdal, un joven hobbit quien, aconsejado por Drammen, el Mago Blanco, "cuya sabiduría sólo era comparable al poder de su magia", decidió emprender el viaje para desacerse del anillo.

Para tamaña gesta, Lyngdal el Hobbit se rodeó de sus amigos: el siempre fiel Sjølyst, su colega de toda la vida, más dos Hobbits acoplados, Kragerø y Fiansvingen, que eran retrasados y no sabían lo que se les venía encima. Además, Drammen el Mago convocó para su escolta a los más valerosos guerreros de la Tierra Media: Grysmtad, hijo de Vigeland, Rey de los Enanos de las Cavernas, conocido por su tozudez y bravura, y Lillesand el elfo, infalible con el arco e inmortal, salvo que fuera herido en combate. También les acompañaban Algård y Lysaker, representantes del Reino de los Hombres, cuya estabilidad se veía en peligro debido al acoso de las fuerzas del mal.

Y es que el poder oscuro del ojo de Sljelsvik lo controlaba todo a través de su esbirro, Mandal, el Mago Negro, cuyo poder sólo igualaba al de Drammen. Poco a poco Sljelsvik consiguió formar un potente ejército de orcos y criaturas grotescas en las Tierras de Mordor. Con ellos pretendía vencer a las fuerzas del bien y recuperar el anillo para así controlar a todos los pueblos de la Tierra Media.

En su camino, los orcos asesinaron a Lysaker, quien fue enterrado con honores de Rey, pues era hijo del Rey Hånneskrysset, el heredero de la dinastía de los Hombres. Más adelante, la espíritu del bosque, Kvinesdal, se dejó tentar por el anillo, pero lo dejó pasar ya que quedó prendada de Algård, el apuesto guerrero humano. A su vez, Moi, representante de los Ents del bosque, decidió echar una mano a la Compañía del Anillo, ya que las hordas de Sljelsvik estaban matando su Bosque Sagrado.

Por su parte, Flekkelfjord, hijo de Arendal, antiguo Rey de los Elfos, decidió ayudar a Algård en las mayores batallas que la Tierra Media había presenciado. Para su desgracia, su propia hija, Bjønrdalssletta, también quedó profundamente enamorada de Algård (que el tío, allá donde iba, partía la pana), renunciando a la tradicional inmortalidad élfica por su amor.

Al final Lyngdal consiguió vencer mil escollos y tirar el Anillo al volcán donde había sido forjado. Todo con la inestimable ayuda de sus compadres hobbits, en especial de Sjølyst, su amigo y compañero quien, a pesar de parecer un poco nenaza, es de los pocos que acaba pillando cacho, casándose con una hobbit de buen ver. Por su parte, este hecho inclina la balanza hacia las fuerzas del bien, y Algård, al mando de sus tropas, vence a los orcos de Mandal. De esta manera se proclama Rey de los Hombres, tomando matrimonio con Bjønrdalssletta, la elfa, y dando calabazas a Kvinesdal, la espíritu del bosque, por boba.

Y todo esto mientras que un tiparraco que solía llamarse Fokserød el hobbit, pero que ahora, por la avaricia y la extraña influencia que el anillo tuvo sobre él se hace llamar Sandness, repite la tontería esa de "mi tesssssooooro", como un idiota. Y todo por un puñetero anillo que valía sólo 49 coronas.


Por menos de lo que cuesta la entrada al cine, y antes de que acabe una sóla de las películas, que eran un tostón y no me enteré ni de la mitad, te coges un avión, te plantas en Noruega y te lo imaginas. Por el camino, si quieres, te lees el libro.

sábado 30 de enero de 2010

Crónica desde ... Oslo

Los que dijisteis Oslo, acertásteis.



Aterricé en Noruega a las 7 de la tarde y a las 10 ya me estaba tomando una cerveza. Salí de fiesta con mis compañeros de habitación y nos colamos en dos discotecas gracias a nuestro arte para negociar con los noruegos. Son buena gente. Volvimos a las 4 de la mañana. Oslo mola, pero hay que tomárselo con calma. Algún día contaré mis experiencias en los distintos albergues de Europa, se puede escribir un libro con ellas. No hay nada como hablar inglés más o menos fluido. Abre infinitas puertas.



Sí, hace mucho frío y no para de nevar, debe cubrir unos 20 cm tranquilamente. A la hora que escribo esta entrada (6 de la tarde) hay -12ºC. He llevado una botella de agua todo el tiempo en mi mochila. Cuando he vuelto al albergue, la mitad era hielo. Las bajas temperaturas eran precisamente lo que más me llamaba la atención, pero debo decir que se lleva mejor de lo que me esperaba cuando vine. Es cuestión de abrigarse mucho y de tener siempre presente que perder un guante significa perder también la mano. La verdad es que ahora pienso que Escandinavia en verano debe ser un tostón. En invierno está muy bien, y es más real. Os lo recomiendo.



¡El mar está congelado! El famoso fiordo de Oslo tiene una capa de hielo en su superficie sobre la que se acumula la nieve. En algunos casos el hielo atrapa a los barcos y los deja encallados. Es alucinante, nunca había estado en un sitio como este. He hecho un experimento: he cogido una piedra del tamaño de una naranja, la he tirado al mar ¡y ha rebotado! El hielo no se ha roto. Vivir para ver.


Oslo es la ciudad más silenciosa en la que he estado jamás. Apenas se oye ruido por las calles. No porque no haya gente, sino porque los noruegos no son muy bulliciosos que digamos. Tristemente para todos (sobretodo para los viajeros solitarios como un servidor) el silencio sólo es interrumpido por los alaridos histéricos de los de siempre: las hordas de españoles (y sólo de españoles) que pretenden encontrar fuera lo mismo que dentro, y se sorprenden cuando no es así... ¿Es que a éstos no les han dicho eso de "allá donde fueres, haz lo que vieres"? Qué fácil es coger un avión, pero qué difícil viajar. ¿Pero a quién se le ocurre venir a Noruega y dirijirse a la gente en español con la pretensión de que te entiendan? Es cierto que a veces funciona, pero es un mal recurso. La solución patria en estos casos en chillar y gesticular como chimpancés para después presumir de ello. Aprendamos inglés, por Dios...


Una aclaración: el cuadro famoso al que me refería, como ya supondreis, es "El Grito", de Edvard Munch. Para los que nunca hayais estado en Oslo, la versión más conocida de "El Grito" está en la Galería Nacional, NO EN EL MUSEO MUNCH, donde sí están, entre otras, las demás versiones que el autor hizo del mismo cuadro. Y sí, esta obra, junto con "La Madonna", también de Munch, fueron robados hace algunos años y recuperados finalmente. Por eso ahora son los únicos del museo con una vidriera protectora (xD).


Y ahora una cuestión sobre la que podeis teorizar cuanto querais, porque yo estoy hecho un lío:

Si pago 300 coronas por un billete de autobús ida y vuelta al aeropuerto, 50 coronas por una pinta de cerveza, 30 coronas por un café, 45 coronas por visitar la fortaleza de Oslo, 55 coronas por un desayuno, 10 coronas por una cheeseburger del Mac (el menú son 80 coronas) y 22 coronas por un paquete de rosquillas. ¿Tiene todo esto algún sentido? No sé ni cuanto dinero tengo, ni cuanto me he gastado, ni qué cosas son caras y cuales no. Pero bueno, de eso se trataba, ¿verdad? ¡Ah, por cierto! Casi casi he comido gratis por el papo en un centro comercial: galletas con queso noruego y mermelada, manzana con canela (buenísima) y pan noruego. Y aquí "gratis" también se escribe "gratis", que lo sepais.

El viaje ya ha valido mucho, pero que mucho, la pena. Me encanta que los planes salgan bien.


jueves 28 de enero de 2010

Me voy de viaje a ****


Me cojo el fin de semana de descanso (que ya llevo tres semanas, con sus sábados y domingos, trabajando) y me voy yo solo, por mi cuenta y riesgo, a ****. Gracias a Ryanair y sus vuelos a precio de golosina. Volveré el domingo, si es que vuelvo.

Y es que **** siempre ha sido un lugar que me ha llamado mucho la atención, con sus %%%%, su famoso &&&& y, claro está, por su museo donde está uno de los cuadros más reconocibles del mundo, titulado "OOOO". ¿A dónde voy?

Me llevo el portátil pequeño porque no puedo vivir sin él, así que si tengo tiempo (que casi seguro que sí) y conexión a internet (que ya veremos) escribiré algo desde ese mágico lugar a donde me dirijo, lleno de cosas por descubrir y aventuras que vivir. También me haré alguna foto, claro está.

¡**** allá voy!

:D